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El día que escuché: “Tienes cáncer de páncreas”

Mi nombre es Debbie Valentín.

El 17 de enero de 2025 escuché tres palabras que nadie está preparado para oír:

“Tienes cáncer de páncreas”.

Ese día mi vida cambió por completo.

No solo por la enfermedad, sino por todo lo que vino después: cirugía, quimioterapia, miedo… y también una forma completamente distinta de entender la vida.

He decidido escribir este blog porque, cuando recibí el diagnóstico, lo primero que busqué fue alguien que hubiera pasado por lo mismo y siguiera aquí.

Y encontré muy poco.

Demasiadas estadísticas.
Demasiados artículos médicos.
Muy pocas historias reales.

Este blog nace para eso: para contar mi experiencia real y compartir lo que he aprendido en el camino, por si puede ayudar a alguien que esté empezando ahora este mismo viaje.

El día que todo empezó

Aquel 17 de enero me levanté y al mirarme al espejo me vi completamente amarilla.

Amarilla de verdad.
La piel, los ojos… todo.

Recuerdo pensar algo casi absurdo ahora:

“Bueno, hoy tengo una firma en la notaría a las nueve. Luego ya iré al médico”.

Quien trabaja en el sector inmobiliario sabe cómo son esas mañanas: operaciones cerradas durante semanas, gente esperando, agendas ajustadas.

La firma se alargó más de lo previsto. Los compradores eran familia del notario y cuando salimos ya eran las dos de la tarde.

Pasé el fin de semana con una dieta suave y el lunes fui al médico de cabecera, no sin antes enviar a Canadá el contrato de arras de otra operación que estaba cerrando.

La primera sorpresa fue la baja laboral inmediata y una derivación urgente al hospital por posible obstrucción biliar.

Aún entonces yo seguía pensando en trabajo.

Recuerdo perfectamente que mi preocupación era otra:

“Esto no puede ser grave. Tengo que cerrar esa operación”.

El diagnóstico

Me hicieron una gastroscopia con anestesia general.

Cuando desperté, todavía con esa sensación de niebla que deja la anestesia, el médico me dijo tres palabras que no olvidaré nunca:

“Tienes cáncer de páncreas”.

Mi mente se quedó en blanco.

Mis oídos se cerraron.
No escuché casi nada más.

Solo recuerdo otra frase:

“Este fin de semana no busques información en internet. El lunes hablaremos con calma”.

Era viernes.
Las tres de la tarde.

Cuando el médico salió entró mi familia. A ellos tampoco les habían permitido estar presentes durante el diagnóstico.

Y aunque me habían dicho que no buscara en internet, hice lo que probablemente habría hecho cualquiera.

Busqué.

Las estadísticas

Lo que encontré me destrozó.

Supervivencias muy bajas.
Porcentajes pequeños.
Historias durísimas.

Recuerdo pensar en mi hija, que acababa de independizarse.
En los cambios que estaba haciendo en la empresa.
En los planes de vida que tenía por delante.

Y por primera vez en mi vida pensé algo que nunca había pensado de verdad:

que quizá no iba a vivir para verlo.

Lo que nadie te dice en ese momento

Cuando recibes un diagnóstico así, el mundo no se detiene.

La gente sigue trabajando.
Las ciudades siguen funcionando.
Las agendas siguen llenas.

Pero dentro de ti algo cambia por completo.

De repente entiendes algo que antes dabas por hecho:

vivimos como si fuéramos eternos.

Como si la enfermedad fuera algo que les pasa a otros.
Como si siempre hubiera tiempo para todo.

Ese día entendí que no es así.

Por qué escribo este blog

Semanas después me enfrenté a una cirugía compleja llamada Whipple, utilizada para tratar el cáncer de páncreas.

Después vendrían la recuperación, la quimioterapia, los cambios en la digestión y muchas preguntas que nadie me supo responder con claridad.

En ese momento me habría ayudado muchísimo encontrar algo muy simple:

personas que hubieran pasado por esto y pudieran contarlo.

Por eso nace este blog.

Para compartir mi experiencia real.

Lo bueno y lo difícil.
Lo que me explicaron… y lo que tuve que aprender por el camino.

Si estás leyendo esto porque tú o alguien a quien quieres acaba de recibir este diagnóstico, quiero decirte algo desde el principio:

no estás solo.

Seguimos hablando

Este es solo el comienzo de la historia.

En los próximos artículos quiero contar cómo fue la cirugía, cómo cambió mi digestión y qué aprendí sobre alimentación después del Whipple.

Porque si algo descubrí en este proceso es que, incluso en los momentos más difíciles, siempre hay cosas que podemos aprender y compartir.

Y si mi experiencia puede ayudar aunque sea a una sola persona que esté empezando este camino, entonces todo esto habrá tenido todavía más sentido.


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